Según Mario Bunge: “La hipótesis acerca de la sexualidad infantil es falsa: el centro del sexo es el hipotálamo y en los niños no está aún completamente desarrollado.” …pero

¿Mario Bunge sabe de psicoanálisis?

(Artículo)*
por Jorge Ballario
Publicado en Página/12 Sección Rosario/12, el día 17/2/2011, en PortalPsicologico.org, en Febrero 2011.

“La hipótesis acerca de la sexualidad infantil es falsa: el centro del sexo es el hipotálamo y en los niños no está aún completamente desarrollado.”

Mario Bunge, Crisis y reconstrucción de la filosofía.

Mario Bunge, en la página 234 de su libro Crisis y reconstrucción de la filosofía (Gedisa, 2002), al intentar la refutación del complejo de Edipo escribe: “La hipótesis acerca de la sexualidad infantil es falsa: el centro del sexo es el hipotálamo y en los niños no está aún completamente desarrollado”. Como en muchas otras ocasiones, por no haber profundizado en el estudio y comprensión del psicoanálisis, Bunge incurre en un grosero error: confunde sexualidad infantil con genitalidad adulta: dicha genitalidad es el punto en que desemboca la sexualidad infantil luego de varias etapas. Desde la teoría del desarrollo psicosexual sabemos que la sexualidad trasciende el sentido copulativo del término, y que la sexualidad infantil está relacionada con la fantasía y con la búsqueda de placer; y, además, que gran parte de las satisfacciones obtenidas por el niño se hallan en relación a su madre. Él obtiene placer en el contacto físico y afectivo en el acto del amamantamiento, y al tiempo comienza a distinguir entre el placer de la succión en sí misma y el de la nutrición; por eso es posible entretenerlo con el chupete. La sexualidad “plena” se obtiene luego de la etapa de latencia, que se inicia en la declinación del complejo de Edipo y culmina en la pubertad, cuando las pulsiones parciales se integran para dar paso a la etapa genital y a la elección de objeto.

Como vemos, la búsqueda de placer es ya una incipiente forma de sexualidad. Sobre ella de a poco irá recayendo la represión civilizadora, y así se generarán los asuntos inconscientes que luego podrán muy bien lanzar a un sujeto a grandes logros y conquistas culturales. Como los obtenidos, sublimación mediante y dicho sea de paso, por… Mario Bunge.

*Fuente: http://jorgeballario.com.ar/site/2011/03/%C2%BFmario-bunge-sabe-de-psicoanalisis/

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Sobre el Dualismo (o supuesto dualismo) psico-físico en Psicología.

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Reduccionismo y psicoanálisis.

(Apartado)*
por Gregorio Klimovsky

    A propósito de la cuestión que estamos tratando se han planteado problemas en otros campos de la ciencia. Una pregunta que puede hacerse, por ejemplo, es si existe la posibilidad de reducir la psicología a la biología. ¿Es posible adoptar con el discurso psicológico una táctica reduccionista similar a la que describimos anteriormente para la biología, es decir, que transforme el conocimiento y las afirmaciones de la psicología en el que corresponde a la biología? Esta esperanza se encuentra en muchas de las corrientes psicológicas contemporáneas, tanto en aquellas originadas en la ex Unión Soviética, vinculadas con la escuela pavloviana de investigación reflexológica, como en la escuela conductista que, en sus diferentes variantes, tuvo singular éxito en los Estados Unidos y en muchas otras, originadas en Europa, que son consonantes con este punto de vista.
    En cierto modo, también la psicología cognitiva contemporánea y las neurociencias adoptan el reduccionismo para diseñar modelos de actividades psicológicas simuladas por medios que corresponden, más bien, a la informática, a la computación y , por isomorfismo, a la teoría de las redes neuronales. Se trata, al menos por el momento, de un proyecto que aún no ha logrado un éxito completo y unánimemente aceptado, pero muchos investigadores tienen gran expectativa depositada en los resultados que podrían ser obtenidos en el futuro. Incluso hallamos epistemólogos distinguidos, como Mario Bunge, que hacen del reduccionismo casi una bandera metafísica y moral, porque consideran que la ciencia contemporánea ha mostrado la reductibilidad de la mente a las actividades del cerebro y del sistema nervioso central.
    Estos autores señalan con un dedo acusador a toda teoría psicológica que, al menos en su particular interpretación, sostenga que los fenómenos psicológicos son irreductibles a los fisiológicos y, en ese sentido, destinan al psicoanálisis durísimas críticas. Según Mario Bunge, la tesitura psicoanalítica iría a contramano de lo descubierto por las diferentes investigaciones realizadas por los fisiólogos contemporáneos. Sin embargo, el autor de este libro no ha encontrado jamás, ni en Freud ni en sus seguidores más ilustres, ninguna afirmación similar a las que critica Bunge, quien parece creer que los psicoanalistas han sostenido la existencia de fenómenos mentales totalmente independientes, en su naturaleza, de los materiales.
    En realidad, Freud proviene de la llamada escuela de “médicos fisicalistas” vinculados a la postura filosófica, metodológica y científica para explicar todo fenómeno de la conducta humana en términos físico-químicos. Por tanto Freud adhirió a una posición reduccionista, y es convicción de quien esto escribe, en consonancia con otros autores, que nunca abandono esta creencia. Sin embargo, Freud parece haber advertido que el estudio de los aspectos psicológicos de la conducta humana puede ser llevado a cabo sin necesidad de utilizar la reducción. Lo que señala es que se pueden comprender una serie de fenómenos psíquicos (resistencia, represión, mecanismos de defensa) o sectores de la conducta (conducta superyoica, conducta inhibida, hechos inconscientes), sin que nos veamos obligados a la reducción a términos físico-químicos. Es verdad, sin embargo, que hay métodos de simulación en psicología mediante los cuales se puede lograr que, convenientemente programada, una computadora simule conductas neuróticas o represivas, lo cual ofrecería una compresión reduccionista de los fenómenos que estudia el psicoanálisis. En el mismo sentido, la teoría de las redes neuronales quizá permita en el futuro comprender mejor estos aspectos de la conducta. Podrá ocurrir o no. Pero lo que Freud parece haber pensado al formular sus hipótesis (sean ellas correctas o no) es que, para referirse a las entidades y a los fenómenos psicológicos en estudio, lo términos teóricos empleados deben caracterizarse simplemente, a través de tales hipótesis, por sus propiedades y relaciones mutuas, dejando abierta la posibilidad a una futura reducción. De modo que, en principios, se pueden aceptar las afirmaciones de Freud ya seamos dualistas o monistas y aceptemos en ultimo termino la reducción físico-química de estos términos. Al respecto, es curiosa una referencia que Freud hace a este problema en su libro Introducción al narcisismo cuando afirma, después de haber discutido algunos fenómenos que corresponden a su descripción de la mente humana y su funcionamiento, que su enfoque podría ser tildado de excesivamente “psicologista” porque no toma en cuenta la posibilidad de una reducción a términos físico-químicos.
    Del mismo modo. Podríamos comprender muchos fenómenos sociológicos sin vernos obligados a reducir todo lo que decimos sobre comunidades humanas o actores sociales en términos de moléculas y átomos, lo cual no solo sería una bellaquería sino además una tarea totalmente imposible, no obstante el hecho de que, ciertamente, las comunidades y los individuos son conjuntos de átomos. Quien quisiera utilizar aquí una traducción reduccionista, en formar sistemática y al pie de la letra, se encontraría ante la imposibilidad total de hacerlo porque no podría tener información completa sobre una prácticamente infinita cantidad de partículas elementales. En síntesis, para comprender un rasgo de la conducta humana o una revolución en de la sociedad contemporánea, no parece entonces ser necesario que el psicoanalista o el sociólogo deba ser previamente un experto en teoría atómica o mecánica cuántica.
    El autor de este libro aclara que simpatiza con el reduccionismo quizá por razones de formación profesional y convicciones filosóficas, pero a la vez cree que el adoptar actualmente dicho enfoque no ayudaría en absoluto a la investigación psicológica o sociológica. Como bien afirma Freud, la posición monista a este respecto tiene tan poca pertinencia como el usar la información de que todos descendemos de Adán y Eva en un juicio de sucesión. Es costumbre entre los que discuten problemas epistemológicos del psicoanálisis decir a este respecto que Freud es un “monista ontológico”, o sea, que realmente admite la reducción de los objetos psicológicos a términos físico-químicos, pero supone que esa tesitura no es metodológicamente útil para poder encontrar leyes científicas de la conducta. En efecto, no poseemos en este momento, diría Freud, información acerca de cómo reducir las leyes psicológicas a leyes físico-químicas, y por ello reconocería su monismo ontológico pero adheriría a un “dualismo metodológico” en cuestiones de investigación. Esta posición de Freud es interesante, y sugiere que la rígida interpretación de Bunge no casa convenientemente con los hechos.

 *De Las desventuras del conocimiento científico, Gregorio Klimovsky, A-Z editora, Buenos Aires, 1994, págs. 275-278.

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¿Son imprescindibles los experimentos de laboratorio en las ciencias sociales y en psicología profunda (Psicoanálisis)? ¿Que pasa si ciertas cuestiones no pueden forzarse en un experimento?

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(Extracto de una entrevista a Gregorio Klimovsky)*

Bunge y yo somos muy amigos desde hace mucho tiempo. Muchas veces me he encontrado con él en mesas redondas, y casi siempre y en forma inevitable, se arma una discusión sobre el Psicoanálisis, con algunas cuestiones un tanto pintorescas que se han dado, que podrían servir en parte para contestar un poco lo que usted me preguntó antes. En una oportunidad Mario Bunge y yo nos peleamos a muerte, pero después quedamos en buenas relaciones, él me dijo, bueno a ver… “¿Dónde están los laboratorios de Psicoanálisis?”. Entonces le contesté “enfrente de los laboratorios de los astrónomos”. Bunge responde sorprendido: “Pero no hay laboratorios de astronomía ¡hay observatorios!”. Y yo, entonces: “Sí, es lo mismo que pasa con los psicoanalistas, la observación y la práctica de tomar datos de la experiencia, y tampoco tienen laboratorios”.
En realidad eso no sería totalmente exacto en la actualidad, porque hay grupos de trabajo que están haciendo experimentos, y en algún sentido también Liberman hizo experimentos en relación a la forma del discurso. Y, en este sentido, aunque la Astronomía no tenga laboratorios, los astrónomos han desarrollado una ciencia porque tienen muchas observaciones, miles de observaciones, de manera que para hacer cuadros de correlación y comparación tienen tanto material como si hubieran tenido laboratorios. También tenemos que recordar que en la Universidad de Columbia hay un grupo de psicoanalistas que se han ocupado de hacer modelos, -en el sentido que la Física le da a ese término- o sea en forma bastante simplista al principio, pero muy bien hecha. Si, modelos de funcionamiento del aparato psíquico donde se ve cómo ocurren ciertas cosas, cómo algunas cosas aparecen o desaparecen. En el Congreso de Psicoanálisis de Buenos Aires hicieron una exposición realmente notable; entender el método científico en Psicoanálisis es muy atrayente a través de modelos. Esto es, un poco también, una demostración que tiene algo que ver con lo que se me preguntaba acerca del método científico en las Ciencias Humanas o en las Ciencias Sociales. Aunque no es del todo cierto lo que voy a decir, pero uno podría también decir que en las Ciencias Sociales, en Sociología no hay cosas como experimentos. En realidad, hay toda una dirección en la que trabajó Watzlawick y otras personas mostrando que sí son posibles, pero lo que se señala con bastante razón es que para que una ciencia se pueda desarrollar como ciencia no es necesario el hacer experimentos porque puede tener un número altísimo de datos observacionales que le sirvan para ir adelante. Por ejemplo, los sociólogos tienen una cantidad de datos, muestras y observaciones tan grandes que su análisis estadístico -la comparación en sus muestras- puede perfectamente llevarlos a resultados muy parecidos a los del método científico tradicional en las ciencias duras. Este es un punto que realmente es interesante, entonces cuando se me pregunta: “¿Pueden las Ciencias Sociales, que no disponen de experimentos, desarrollarse como ciencias?” Sí, pero en realidad no hace falta que haya experimentos -aunque vienen muy bien si son posibles- hace falta el disponer de datos u observaciones y ahí se pueden tener todos los que se quieran; y el Psicoanálisis también. Lo que pasa un poco en Psicoanálisis, lamentablemente, es que no todos los psicoanalistas llevan en forma ordenada y documentada historias clínicas. Esa es una de las cosas de las que hay que cuidarse porque eso tendría mucha importancia en cuanto a la utilización y la discusión sobre el método científico en Psicoanálisis. Pero la verdad cuando uno mira esta situación, no ve mucha diferencia entre lo que se puede dar en Psicoanálisis y lo que se puede ver en otro tipo disciplinas. Otro aspecto presente en esta discusión es que mucha gente cree que es necesaria la estadística para que una ciencia pueda -desde el punto de vista empírico observacional– llevarse adelante con éxito. Y en Psicoanálisis no es precisamente muy fácil utilizar estadística. Freud dice en una parte de sus escritos: “se ha reprochado al Psicoanálisis que no hace uso de la estadística; me gustaría enormemente poder usar la estadística, pero el Psicoanálisis -por el material que estudia- no es capaz de llevar adelante una investigación estadística”. Y leyendo El Capital de Marx, encuentro, en una parte, que Marx dice lo siguiente: “me echaron en cara que a esta forma de teorizar, la teoría del conflicto de clases y demás, no le puedo aplicar yo la estadística. A mí me gustaría mucho aplicar la estadística, pero la Sociología y la Economía no son disciplinas cuyo material admita la estadística (en la Economía estaba un poco equivocado), casi lo mismo que dice Freud. De manera que hay que admitir que muchas veces la fuente metodológica que permite realmente llevar a acabo una investigación científica no está atada a la estadística como cosa obligatoria. Desgraciadamente en los textos de método científico, especialmente los producidos en los Estados Unidos, se vincula estrechamente a la estadística con el método científico. Por ejemplo, tengo uno -buenísimo- de Medicina escrito por dos enfermeras (porque la enfermería en Estados Unidos es una carrera muy seria) que dicen -y tienen razón las enfermeras- que ellas tienen mucho más conocimiento de datos y material acerca de los enfermos que los propios médicos. Los médicos concurren una vez por semana, recorren la sala, y pueden hacer estudios, pero la enfermera tiene que ocuparse todo el día de los enfermos. La cuestión es que tienen que ser buenas administradoras. Por ejemplo, tienen que ocuparse bastante bien de organización de empresas, organización de determinado tipo de entidad u organismo. Y este libro ofrece una definición bastante buena de lo que es el método científico, pero muy vinculada al uso de la estadística. Y eso -como acabamos de ver- no es algo definitorio del método científico. En definitiva, esta es un poco la problemática. Ustedes preguntarán ¿cuál es un buen libro sobre el método científico? Hay una cantidad bastante grande, están los deWisdom y, modestamente, recomendaría el mío.

*Fuente: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000453&a=Entrevista-a-Gregorio-Klimovsky

Astronomía observacional:

La mayoría de procesos astrofísicos no pueden ser recreados en los laboratorios de la Tierra. En cualquier caso, existe una gran variedad de objetos astronómicos visibles a lo largo de todo el espectro electromagnético. El estudio de dichos objetos mediante la adquisición pasiva de datos es el objetivo de la astronomía observacional. (Fuente Wiki).

De todas maneras si hay psicoanalistas y neurobiólogos que si hacen experimentación. 
Les presento a la Asociación Internacional de Neuro-psicoanálisis. 
http://www.neuropsa.org.uk/ 
Que cuenta con mas de 400 investigadores en varias partes del mundo. 

Aquí se puede ver un congreso:

link: https://www.youtube.com/watch?v=zlkliGaIBQI 

Acá comentan sobre una investigación (extracto de un documental sobre los sueños):
http://www.dailymotion.com/video/xcywvd_lobulo-parietal-el-origen-de-los-su_school 
Mark Solms neurobiólogo del Instituto Internacional de Neuro-psicoanálisis. 
Haciendo estudios en personas que sufrieron ACV en cierta parte del cerebro logró localizar dos áreas que intervienen en la activación de las experiencias de sueño. 
La primera ubicada en la corteza frontal, sobre las cavidades oculares, que participa al así llamado sistema dopaminérgico mesolímbico que influye en la motivación y promueve un comportamiento orientado hacia un determinado objetivo. 
Una segunda área que interfiere con los sueños se encuentra en la corteza occipito-parietal que es también responsable de la percepción y del pensamiento abstracto, además de la integración de los contenidos de los recuerdos y su memorización. 
El cree que los sueños son una especie de búsqueda motivada y una forma de mantenernos dormidos.

 

 

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Psicoanálisis y Autismo, Documental Unes altres veus (Otras voces).

Unes altres veus (Otras voces), es un documental sobre autismo dirigido por Iván Ruiz una de las autoridades lacanianas sobre autismo y padre de un hijo autista.

Otras voces, es un documental que muestra un diálogo con el autismo desde otra mirada, la mirada diferente que el psicoanálisis lacaniano aporta hoy. Con Otras voces se desmontan los mitos de que el psicoanálisis culpabiliza a los padres del autismo de sus hijos y de que el tratamiento consiste en estirar a los niños en el diván; y se demuestra también su validez y eficacia más allá de la supuesta evidencia científica en la que se fundamentan otros tratamientos. A la vez, nos damos cuenta de lo que sucede cuando damos voz a la subjetividad y nos alejamos de los sistemas evaluadores que sólo aportan cifras. Entendemos lo que sucede cuando se evitan los tratamientos de domesticación de la conducta y evitamos la simplificación que silencia lo más particular del ser humano.
Este documental se realiza sin ánimo de lucro y todos los beneficios que se obtengan de él se destinarán a la Associación TEAdir de padres, madres y familiares de personas con TEA – Trastorno del Espectro Autista (Autismos y Síndromes de Asperger).

Me parece muy interesante, habla sobre la subjetividad de los chicos autistas y hace una critica a los enfoques de las ciencias positivas sobre el autismo.
Me gusto mucho la parte en la que la Madre de un chico autista dice: … Alex (y lo digo con orgullo) cuando habla conmigo habla porque quiere hablar y lo que me dice es porque me lo quiere decir (y no porque yo le he enseñado a decir) y si de algo no quiere hablar me lo dice tranquilamente -Mamá ahora yo no quiero hablar- y todo lo que hace sea mucho o poco lo hace porque le apetece hacerlo.
El documental es procedente de Barcelona y ya se estreno en muchas salas de cine y centros culturales de toda Europa.

http://unesaltresveus.teidees.com/
http://associacioteadir.org/

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Acerca del carácter científico del psicoanálisis.

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Acerca del carácter científico del psicoanálisis.
(Articulo)*
por Gregorio Klimovsky (1922-2009, Doctor en Física y Matemáticas, Filósofo, considerado uno de los mayores especialistas en Epistemología de Sudamérica, Profesor emérito de la UBA)

    ¿Es el psicoanálisis una disciplina científica? Esta pregunta encierra, sin duda alguna, un interés especial. Pues, por un lado, la ciencia ha afectado de manera radical nuestra existencia, remplazando los sistemas filosóficos por cosmovisiones exactas acerca de la estructura y evolución del mundo y de la ubicación del ser humano en él, a lo que hay que añadir las consecuencias tecnológicas y sociales del método científico, que han permitido actuar con enorme eficacia sobre la realidad y modificarla drásticamente. No se equivocaría demasiado quien caracterizase nuestro siglo como el de la ciencia. Por otra parte, el psicoanálisis ha revolucionado nuestra concepción de la conducta humana y ha alterado significativamente nuestras ideas acerca de la educación, el alma infantil, las motivaciones, las relaciones afectivas, la sexualidad, el sentido de nuestras decisiones, etcétera. También en este terreno podría afirmarse que, en lo que corresponde a nuestro modo de concebir la psiquis humana y las relaciones sociales, el siglo veinte es el siglo del psicoanálisis. Se comprende entonces la importancia que tiene descubrir que ambas cosas son en cierto modo una misma, y que el psicoanálisis reúne en su esencia la fuerza de sus ideas temáticas propias con el poder que confiere el método científico.
    Pero no existe unanimidad acerca del estatus epistemológico del psicoanálisis. Entre los epistemólogos pueden encontrarse posiciones totalmente adversas, como la de Mario Bunge, hasta las totalmente simpatéticas como las de John O. Wisdom o la de Louis Althusser (y estos dos ejemplos son interesantes, pues Wisdom es representante de una concepción anglosajona y metodológica de las teorías científicas, en contraposición con Althusser que implica una postura más afrancesada, afín al estructuralismo y al materialismo dialéctico). Entre los psicólogos se advierte una situación semejante cuando consideramos un hostil adversario del psicoanálisis como Hans J. Eysenck, frente a un conductista que adopta una actitud muy positiva como es el caso de Ernest R. Hilgard. En el propio campo psicoanalítico la situación no es más clara. Entre los especialistas franceses domina la idea de que el psicoanálisis no es una ciencia sino una disciplina especial, mezcla de estrategias semióticas y filosóficas cuyo sentido se capta especialmente ejerciendo su peculiar práctica “desde dentro”. En particular la interpretación psicoanalítica constituiría un acto de aprehensión y comprensión con características sui generis,totalmente irreducible a cosas tales como la aplicación de leyes o teorías; sería más bien un totalizador que reuniría armónicamente en el entendimiento un sentido parcial con una estructura significativa total, algo parecido a entender el significado de una palabra en una dada situación en un momento del aprendizaje de una lengua nueva en que ya se posee cierto conocimiento estructural del idioma. Pero frente a este modo de ver encontramos una concepción como la de Frank J. Sulloway, para quien Freud tiene el mérito de haber producido una revolución científica que transformó a la psicología, convirtiéndola de una mera disciplina filosófica en una ciencia de verdad, en la que el cuerpo y sus peculiaridades biológicas y energéticas volvían a hacerse presentes en esa totalidad indivisible que es la individualidad humana. En otro sentido cabe mencionar a Ricardo Horacio Etchegoyen, para quien la utilización de las normas y concepciones metodológicas de la epistemología ortodoxa constituye un auxiliar invalorable para comprender el alcance, valor y propiedad de las tácticas terapéuticas del psicoanálisis. Aun en psicoanalistas afectos a una estrategia semiótica de abordaje de los problemas psicoanalíticos puede encontrarse una adhesión a la idea de que el psicoanálisis no es ajeno al concierto de las disciplinas científicas tal como de ordinario se las concibe; baste recordar en este sentido a investigadores como Ernesto Liendo o David Liberman.

    Frente a tal diversidad de actitudes no es fácil tomar posición. Una de las dificultades principales reside en el hecho de que los propios epistemólogos no están acordes acerca de cuál es el conjunto de rasgos que caracteriza esencialmente el método científico (si es que puede hablarse así, en singular). Hay diversas posturas y por cierto que su parecido es escaso. Compárense, por ejemplo, las orientaciones en que el centro de gravedad del análisis epistemológico está en el aspecto lógico o del lado del conocimiento empírico, como es el caso de Popper o de Carnap, para poner ejemplos, con aquéllas en que el análisis se centra en el costado histórico o sociológico de la cuestión, como pudiera ser la epistemología de Kuhn o de Lakatos.
    Para hacer posible una contestación a nuestra pregunta inicial, nos parece conveniente reconocer que, en el estado actual de la epistemología, hay una concepción central ortodoxa que domina el panorama, rodeada de una serie de modelos heterodoxos muy distintos unos de otros y que no han alcanzado ninguno de ellos por separado suficiente consenso como para constituir todavía rivales de nota al punto de vista principal. Algunos autores, como Frederick Suppe por ejemplo, denominan a la idea ortodoxa del método científico, “concepción heredada”. En realidad, hay variedades de estas tesis, pero puede decirse con verdad y sin mucho desacierto que tal “concepción heredada” coincide con el método hipotético deductivo basado en un lenguaje que admita la distinción en términos empíricos u observacionales por un lado, versus términos teóricos o no observacionales por otro, lo que permite hablar de niveles de hipótesis (nivel uno: enunciados observacionales, o sea enunciados singulares o muestrales -es decir, casuísticos- con sólo vocabulario descriptivo empírico; nivel dos: enunciados empíricos generales -leyes empíricas-; nivel tres: enunciados teóricos, es decir, que poseen al menos un término teórico, entre los que hay que distinguir los “puros”, que sólo tienen vocabulario teórico, y los “mixtos” o “reglas de correspondencia”, que poseen ambos tipos de términos). En esta manera de pensar el método científico la clave la da el proceso de contrastación que es el que permite evaluar las hipótesis enfrentándolas con la práctica o la experiencia, y también los procedimientos inductivos que permiten pasar de los datos de la práctica o de la observación a las hipótesis “más razonables”.
    En lo que sigue tomaremos este modelo como paradigma provisorio del método científico. En tal sentido, nuestra respuesta a la pregunta del comienzo es positiva. Creemos que, en relación con la concepción de teorías científicas que resulta de esta metodología, la teoría psicoanalítica se adapta sin dificultad a todos los pasos canónicos que en esta posición se estipulan. De ser cierta tal tesis, los requerimientos de deductividad, contrastabilidad y de análisis semántico de teorías y en especial de términos teóricos serían una guía de cientificidad que los psicoanalistas deben tener bien en cuenta si desean realmente construir conocimiento y no meras especulaciones filosóficas o literarias acerca del ser humano.
    No es éste el lugar en el que semejante tesis pueda ser cabalmente probada, ya que la reconstrucción lógica y gnoseológica del pensamiento freudiano que esto implica no cabe en el espacio que nos es concedido. Baste indicar aquí que en diversos seminarios hemos desarrollado estas “reconstrucciones lógicas” de la metodología freudiana, señalando la naturalidad con que se realizan y la visión nítida que desde un punto de vista lógico adquiere, en relación con el psicoanálisis, si se aplican los debidos procedimientos. Naturalmente, esto se refiere al problema de la formulación y puesta a prueba de las teorías psicoanalíticas, no a los problemas de ejercicio y acción terapéutica que, si bien pensamos se adaptan igualmente a la estrategia hipotético deductiva, representan un tipo de problema epistemológico y  metodológico mucho más complicado.
    Preferimos entonces dedicar el resto de estas líneas a examinar a la luz de nuestra tesis algunas objeciones más a menas canónicas que se han dirigido contra la posibilidad de analizar el psicoanálisis desde ese ángulo.
    Suele aducirse que no existe entidad lógica alguna bien definida que sea “la teoría psicoanalítica”. Habría más bien un conjunto oscilante y dinámico de creencias que no admitirían ser articuladas con precisión en algo parecido a un sistema axiomático. Y, de ser así, al no estar claro cuáles son las premisas, no se vería cuáles son las deducciones válidas y, en particular, el método de la contrastación sería imposible. Curiosamente, una posición totalmente contrapuesta es la de Althusser, para la cual la teoría psicoanalítica es única, nítida y -por supuesto- totalmente ventajosa a toda vaga habla ideológica sobre el tema. Ambas posiciones a nuestro modo de ver son desacertadas. En la actualidad está claro que no hay que confundir “disciplina científica” con “teoría científica”. La física, por ejemplo, es una disciplina pero no es una teoría (son muchas, innumerables, las teorías físicas). Las teorías se suceden, la disciplina progresa y las concepciones acerca de la realidad estudiada van cambiando. En realidad, en psicoanálisis las teorías cambian de autor en autor. Cambian también según el momento histórico que corresponde al desarrollo intelectual de un investigador (evidentemente “la teoría” de Freud no es la misma en 1895 que en 1920). Aun haciendo un corte sincrónico, tampoco es posible, para un autor determinado, hablar de “una” teoría en singular. Al igual que en física, donde hay diversas teorías (cuántica, óptica, mecánica, partículas elementales, etcétera) conviviendo, apoyándose, complementándose o presuponiéndose según como sean las relaciones lógicas del caso, en nuestro autor pueden convivir, apoyarse y complementarse teorías del instinto, teorías acerca de mecanismos de defensa u otros, teorías etiológicas, dinámicas, topográficas, etcétera. Lo que, por consiguiente y desde un punto de vista lógico hay que hacer si se quiere evaluar una teoría, es “modelizar” con rigor el pensamiento de un autor y luego proceder a contrastar la estructura teórica así reconstruida (claro que sin perder de vista que lo que se está estimando es una reconstrucción y no el pensamiento auténtico del autor, que no siempre está unívocamente determinado por la exposición escrita). No debe pensarse que ésta es una situación peculiar del psicoanálisis;la reconstrucción de la vieja teoría de Newton, la mecánica de partículas, es todavía un deporte al que concurren notables especialistas como Patrick Suppes, Wolfgang Stegmüller o Aldo Bressan, para recordar sólo a algunos. Este tipo de actividad, cuyo atractivo epistemológico es grande, puede considerarse como una puesta en forma explícita de la lógica de las tesis teóricas psicoanalíticas y de sus relaciones mutuas, y es una práctica que le haría mucho bien a esta disciplina.
    Se ha aducido que al psicoanálisis le falta “cuantitatividad” y que eso impide su formulación como teoría científica. Hay que admitir que ciertas concepciones de la ciencia y de la matemática a fines del siglo pasado contribuyeron a hacer pensar así. Pero ahora éste es un argumento envejecido. Está muy claro que en este siglo de lógica matemática, teoría de relaciones, matemáticas estructurales, teoría de conjuntos y de categorías, entre otras, la aplicación de la matemática no consiste meramente en la producción de teorías cuantitativas sino de estructuras capaces de ser descritas mediante predicados lógicos o conceptos topológicos. El psicoanálisis es un terreno muy promisorio en esta dirección, como puede demostrarlo un examen lógico formal del modelo que Freud desarrolla en el “Proyecto” (un modelo muy atractivo para simularlo cibernéticamente) o en el Capítulo VII de La interpretación de los sueños.De paso, cualquiera que examine la esencia metodológica de los programas para ordenadores observará que la clave no es tanto de naturaleza cuantitativa como de carácter algorítmico y lógico. No tenemos la menor duda de que estos modelos serán de suma utilidad para el psicoanálisis y para el entendimiento de sus teorías, del propio modo que están siendo eficaces para los problemas de inteligencia artificial o para los del conocimiento científico en general vía “sistemas expertos”.
    Una objeción más severa a la aplicación del método científico en versión ortodoxa se asocia a la cuestión de la contrastación. Aquí el reproche tiene varias formas. La primera es que la vaguedad de las teorías psicoanalíticas impide construir las deducciones contrastadoras. Esto puede descartarse si se tiene en cuenta lo recién dicho acerca de que lo que se debe contrastar son los “modelos reconstructivos” rigurosos y formalizados de las teorías psicoanalíticas. Y ésta no es una argucia dicha simplemente para salvar una presunta situación particular del psicoanálisis, puesto que se trata de algo que se reproduce en forma totalmente similar cada vez que se habla, por ejemplo en biología, de la contrastación de la teoría de la evolución de Darwin o del “testeo” de la teoría keynesiana en economía. Una objeción aparentemente de más peso es la de que las hipótesis psicoanalíticas no tienen consecuencias observacionales (es decir, de nivel uno). Ello es, a nuestro entender, un prejuicio. Es fácil mostrar que las teorías y modelos psicoanalíticos permiten deducir consecuencias observacionales, y es por ello que las teorías psicoanalíticas tienen implicancias clínicas y terapéuticas como también educacionales y hasta sociológicas. El conocido artículo de Hilgard sobre el carácter científico del psicoanálisis es ilustrativo al respecto, sobre todo si se tiene en cuenta la orientación conductista del aludido investigador. Una objeción más, esgrimida por Mario Bunge en La investigación científica: el psicoanálisis es intesteable pues siempre puede mantenerse una hipótesis mediante hipótesis ad hoc de carácter interpretativo convenientemente urdidas. Pero esto es una confusión: el uso de hipótesis auxiliares es un recurso científico habitual totalmente compatible con el método hipotético deductivo, como bien lo ha mostrado Imre Lakatos en su descripción del método hipotético deductivo en lo que él llama “versión sofisticada”. Sin duda, el manejo de tales hipótesis debe hacerse con prudencia metodológica y con lo que Popper indica como “investigación independiente” del valor gnoseológico de éstas. Pero nos parece que ensañarse con el psicoanálisis en este caso es un tanto tendencioso y algo muy parecido a una “discriminación racial”. Algo más seria es la objeción de Adolf Grünbaum acerca de los peligros de la sugestión que ejerce el psicoanalista sobre el paciente que, a su juicio, invalida el material clínico como base empírica para la contrastación de hipótesis y teorías psicoanalíticas. Es verdad que él piensa que el psicoanálisis es contrastable por medios extraclínicos, pero hay que reconocer que, si tiene razón, se pierde una de las fuentes más atractivas para la puesta a prueba del edificio teórico psicoanalítico. Sin embargo, pensamos que también aquí hay un error. Lo que se quiere señalar, por parte de Grünbaum, es que las interpretaciones psicoanalíticas actúan como hipótesis “suicidas” o “autocumplidas”, según la jerga usada corrientemente por los sociólogos. Sin duda que la idea tiene gran parte de verdad. Pero ya Ernest Nagel en La estructura de la ciencia, discutiendo la cuestión, señaló que de todas maneras en un caso así hay contrastación, aunque de otras leyes e hipótesis -en este caso concernientes a la sugestión y por ende, en forma indirecta, a los mecanismos de defensa y otros (como identificación, por ejemplo)-. Pero el error que hay aquí es creer que, como la sugestión e identificación, todos los canales de expresión y comunicación (incluidos los gestuales) se adaptan a la situación. Ahora bien, eso no es cierto, y es precisamente esto lo que permite a un psicoanalista experimentado distinguir entre respuesta “genuina” y respuesta “adaptativa”. Esta situación fue ya clara para J. O. Wisdom, quien en sus trabajos acerca del “testeo” de interpretaciones sugirió algo análogo.
    Una objeción que también se formula al psicoanálisis es su profuso uso de “términos teóricos”. Es verdad que el empleo exagerado de términos teóricos, si no hay prueba de contrastabilidad de las hipótesis o teorías que los emplean, constituye un hábito peligroso y aun deleznable. Pero si la teoría está construida de tal manera que las hipótesis con términos teóricos configuren un conjunto contrastable, no hay objeción alguna que hacer. Como ejemplo, baste recordar la química, disciplina con la cual, en cuanto al estatus lógico, el psicoanálisis tiene analogía en lo relativo al empleo de términos no observables. EL uso de términos como “molécula”, “átomo”, “ion”, “valencia”, “órbita o nube electrónica”, “núcleo”, “covalencia”, etcétera, no constituyó impedimento alguno sino, por el contrario, es la fuente de increíbles y maravillosos descubrimientos de valor filosófico y técnico. No vemos por qué no puede suceder lo propio en el terreno del psicoanálisis.
    Una objeción final: el psicoanálisis trata con significados y no con hechos (o “meros hechos”). Esto es en parte cierto. Pero el análisis de las significaciones y del fenómeno semiótico, agrega sólo dos cuestiones metodológicas a las anteriores. Cuando se trata de símbolos aislados naturales o convencionales lo que debe saberse es cuál es la ley de correlación o cuál es la regla de convención implícita. Y es bien claro que esto es cuestión de hipótesis (por ello es que las interpretaciones deben “testearse”). Si se trata del sentido de un signo en un contexto estructural que le da valor semiótico, es evidente que hay que construir el “modelo” de la estructura o descubrir las reglas algorítmicas o de deducción (o definición, o de formación, en fin, todas las decarácter sintagmático). De cualquier manera, tal cosa implica hacer hipótesis o teoría. De modo que lo que esto muestra es que además de las hipótesis centrales psicoanalíticas, hay que tener en cuenta todas las hipótesis y teorías subsidiarias y auxiliares que se requieren para manejar epistemológicamente el material de trabajo. Lo cual no aparta al psicoanálisis de la metodología hipotético deductiva en versión sofisticada.
    Creemos, por consiguiente, que el psicoanálisis está en buenas condiciones para una inserción epistemológica correcta en el universo de las teorías científicas. Esto nos permite indicar lo que Bachelard llama un “obstáculo epistemológico”. Que en realidad son dos. El primero, al estilo de la prédica de Mario Bunge, es la negación sistemática por parte de algunos epistemólogos del carácter científico de las teorías psicoanalíticas. De este modo, en lugar de contribuir a esclarecer y perfeccionar la obra de los teóricos del psicoanálisis, se la deja un tanto erráticamente librada a sí misma. El otro obstáculo proviene de quienes desde el propio psicoanálisis no quieren sujetarse a la disciplina que la metodología y la epistemología imponen. De este modo contribuyen a trasformar el psicoanálisis en una mera aventura filosófico-literaria de carácter muy especulativo. Por atractivo que esto pueda ser, si es todo y nada más, semeja a algo así como a renunciar a la química contemporánea para regresar a la época de los alquimistas. No hay duda de que, visto superficialmente, Paracelso es mucho más divertido que Dalton o Milstein. Pero en cuanto a conocimiento sistemático y garantizado (las dos condiciones que Nagel impone a una práctica para ser científica), lo último no es lo más conveniente para la química. Y tampoco -análogamente-, para el psicoanálisis.
    Si en lugar de la concepción ortodoxa tomáramos en cuenta puntos de vista como los de Thomas Kuhn o Imre Lakatos, nuestra tesis tampoco se vería alterada. Que la comunidad psicoanalítica se mueve con paradigmas o con paradigmas de investigación con algún núcleo fuerte inalterable (la teoría del inconsciente, la teoría de la transferencia, la libre asociación, entre otras) parece indiscutible. En general, creemos que el análisis del comportamiento de la comunidad psicoanalítica desde un punto de vista sociológico o psico-sociológico no depara demasiadas sorpresas. Las dificultades estuvieron siempre, en nuestra opinión, del lado lógico-gnoseológico. Es aquí donde nos parece que una opinión positiva, al lado de tanto caos metodológico o de tanta aventura literaria, puede ser útil para el porvenir de una disciplina que, por muchos motivos, es muy valiosa.

* Revista de Psicoanálisis, Tomo XLIV, N°4, 1987.

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Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?

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Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?


por Gregorio Klimovsky.

(Artículo)*

    ¿Es el psicoanálisis una ciencia? Sus teorías, ¿son ciertas? Estas preguntas no son mera curiosidad. Por el contrario, formuladas en Buenos Aires poseen gran importancia. Pues esta ciudad presenta el fenómeno de ser uno de los lugares del mundo en que esa disciplina más se ha difundido. En cierto modo, la metrópoli rioplatense es quizá la capital planetaria del psicoanálisis, si se tiene en cuenta la cantidad de especialistas que practican o adhieren a las ideas freudianas, o la parte significativa de la población que recurre al auxilio de esas técnicas terapéuticas. Se calcula que, de cada mil habitantes de esa zona, dos al menos se psicoanalizan.
    Por otra parte, dejando de lado cuestiones asistenciales, no cabe duda de que esta disciplina tiene para los argentinos una enorme significación cultural. El vocabulario freudiano ha irrumpido y conquistado la literatura, la filosofía y aún la política de nuestras latitudes. Quizá no es erróneo afirmar que el psicoanálisis se ha transformado en una ideología y aún en una teología psicológica, con la cual muchos de nuestros conciudadanos se guían en medio de intrincados problemas sociales e individuales. Los sociólogos encuentran en todo esto un interesantísimo tópico para investigar. ¿Qué nos pasa que necesitamos de ese modo al ideario freudiano? ¿Por qué lo apreciamos tanto?
    Pero, pese a su atractivo, no es nuestra intención analizar este interrogante. Ocurre que, en razón del valor que nuestro ámbito cultural otorga a esa forma de pensamiento, la gente quiere saber a qué atenerse y pregunta si las tesis psicoanalíticas son verdaderas o no. Pues, en caso negativo, estaríamos siendo víctimas de una superstición o superchería, con las graves consecuencias que eso tiene para la racionalidad de la conducta de nuestra población. Por ello, lo más urgente parece ser aclarar en un primer paso cuál es el valor del psicoanálisis como conocimiento.
    Por desgracia, las opiniones están muy divididas. Si acudimos a las máximas autoridades mundiales en filosofía de la ciencia para que nos asesoren, nos encontraremos confundidos. El que tal vez sea el mayor epistemólogo contemporáneo, Karl Popper, tiene una opinión muy negativa sobre la disciplina inventada por Freud, a la que considera caprichosa, arbitraria e incontrastable. En cuanto al máximo rival de Popper, el historiador de la ciencia Thomas Kuhn, tampoco muestra aprecio alguno por el estudio del inconsciente.
 Ni hablar de nuestro compatriota el físico y metodólogo de la ciencia Mario Bunge, que ha hecho una especialidad de la diatriba contra el psicoanálisis, viéndose a sí mismo como una especie de mesías iluminista que vino al mundo para librarnos de esa demoníaca pseudociencia.
    Los psicólogos a veces no muestran mayor simpatía. Los conductistas, desde Watson a Skinner, consideran al discurso psicoanalítico como una fantasía metafísica plena de vocablos que mencionan entidades no observables y que no hay modo de controlar. Eysenck se ha especializado en mostrar que los experimentos no dan razón (y a veces refutan) a las afirmaciones de los discípulos de Freud, y van Rillaer se ensaña contra éste presentándolo como un ingenuo desde un punto de vista metodológico. Piaget fue más prudente y simplemente se manifestó escéptico, pese a que a menudo usa sin empacho ideas que corresponden al campo freudiano.
    Pero hay opiniones significativas en dirección contraria. Adolf Grünbaum, el mayor especialista norteamericano en epistemología del espacio y del tiempo, ha dedicado numerosos y aun voluminosos trabajos a la metodología del psicoanálisis. Él cree que en esta disciplina hay algo valioso que puede ponerse a prueba, si bien no comparte una conocida opinión, ya expresada por el propio creador del psicoanálisis, según la cual es la clínica la que controla o confirma las hipótesis pertenecientes a este sector del conocimiento. El importantísimo epistemólogo inglés John O. Wisdom es aún más entusiasta, y no sólo le otorga importancia y validez a las teorías freudianas sino que él mismo ha contribuido al progreso de las investigaciones en este campo. Los epistemólogos y filósofos franceses han mostrado siempre una inclinación favorable a los aportes freudianos; ése es el caso de personajes tan dispares como Sartre, Althusser o Bachelard. También lo es la Escuela de Frankfurt, en especial de Jürgen Habermas. En una aproximación más “cientificista”, puede señalarse a los psicólogos cognitivos como Erderlyi que reconocen las anticipaciones de Freud a estas investigaciones más relacionadas con los aportes de la informática, la lingüística y la neurología contemporánea. O el célebre psicólogo conductista, especialista en técnicas experimentales – sobre todo en relación con el aprendizaje-, Hilgard, para quien el psicoanálisis es uno de los grandes logros científicos de nuestro siglo.
    Desolado y desorientado, el lector se preguntará sin duda: ¿a quién creer?
En este punto es necesario dividir el tema en tres partes.
    En primer lugar, está la cuestión lógica de si la estructura de las teorías psicoanalíticas satisface los requerimientos mínimos para constituir desde un punto de vista metodológico un discurso científico con sentido. Luego viene la pregunta por la verdad de tal discurso. Y, por último, está el interrogante por la corrección de la actividad práctica y clínica de los propios psicoanalistas, y por el valor de sus monografías e investigaciones.
    En cuanto al primer punto, es necesario desde ya señalar que Freud no era un ignorante en cuestiones relacionadas con el método científico. Todo lo contrario. La lectura de los escritos del médico vienés muestra una notable claridad de ideas en cuanto a la naturaleza de las hipótesis científicas, el papel de la deducción lógica y de la inferencia científica. Los criterios para comparar teorías, definir conceptos y ordenar las afirmaciones son nítidos y acertados (tal vez como consecuencia del seminario de tres años -acerca de Aristóteles- en el que él participó nada menos que bajo la dirección del notable filósofo Franz Brentano). El valor decisivo de la observación y de la experiencia para medir la fuerza de las teorías es cosa obvia para él. En realidad, en los párrafos en que el autor de Interpretación de los sueños expone su pensamiento epistemológico se puede encontrar un verdadero tratado de epistemología, con notables anticipaciones a lo que décadas después serían las innovaciones de Popper, por ejemplo. Lo que menos puede decirse de Freud es que es un ingenuo inexperto en materia de sistematización del conocimiento. Es cierto que su discurso es un tanto coloquial y desordenado, pero un análisis algo detenido, una lectura más prolija permite descubrir una construcción hipotético deductiva de las teorías, con una apropiada jerarquía deductiva y una potente contrastación con los hechos clínicos. Se ha querido ver defectos. El primero: falta de aspectos cuantitativos. Como dice Bunge, si no hay cantidad, no hay medición; si no hay medición, no hay ley exacta. Esto ya no puede sostenerse así, en el momento mismo en que la matemática, gracias a la teoría de conjuntos y al método axiomático se ha vuelto no cuantitativa, relacional y estructural. La topología, por ejemplo, no es una ciencia cuantitativa. El psicoanálisis, probablemente, sea una disciplina destinada al estudio de estructuras (psíquicas) y no de estadísticas o correlaciones. En este sentido, el parecido es con la lógica matemática, la informática, la lingüística y la moderna antropología.
    Otro reproche: en el discurso freudiano hay términos que designan entidades no observables. Y hacer eso es metafísica, no ciencia. Este argumento no es otra cosa que un prejuicio empirista, según el cual lo científico consiste en observar y experimentar, pero no en especular acerca de la constitución última de las cosas. Esto queda desmentido por la teoría atómica en química, que es una magnífica teorización acerca de no observables como la estructura de las moléculas, por ejemplo. Lo mismo decimos de la teoría de los genes, la moderna teoría de la herencia -la genética-.
    El balance del examen lógico de las teorías de Freud y de sus seguidores es más bien positivo, aunque hay notables diferencias de calidad, fuerza es reconocerlo (especialmente, de acuerdo con nuestra opinión, en el caso de Lacan y sus seguidores). En cuanto al problema de la validez, se dispone de una abundante casuística que mostraría que para algunos casos y cierto tipo de afecciones, el psicoanálisis es más eficaz que otras terapias, lo cual sería un modo de contrastación positiva a favor de los freudianos. Hay que recordar que nadie piensa hoy que se pueda probar categórica y definitivamente una teoría; lo que es factible es mostrar que, por ahora y provisoriamente, hay acuerdo con los hechos y cierta eficacia predictiva. El propio Freud admitía que alguna vez el psicoanálisis será superado por teorías mejores. Pero es claro que su expectativa era que eso sucedería muy lejos en el futuro, no ahora. En este sentido, la ubicación del psicoanálisis como conocimiento de la realidad no es mala, y es análoga a las de muchas otras teorías de prestigio, especialmente en el ámbito de las ciencias humanas o de la medicina.
    Queda la última cuestión. Lo que hay que decir aquí es más delicado, pues nos vemos obligados a juzgar hábitos concretos de desempeño profesional. En esto nuestra actitud no es ya tan positiva. Sin duda que contamos con científicos de primera línea. Pero una gran mayoría de psicólogos y psicoanalistas no proceden con mucha claridad metodológica, de acuerdo con los cánones aconsejados por la lógica. Definiciones vagas, uso de meras analogías, confusión de metáforas con verdaderos datos, hipotetizaciones no contrastadas, la actividad y los escritos de muchos especialistas adolecen de cierta arbitrariedad y de falta de sustentación. Sería de desear una aproximación más estrecha y seria entre la metodología científica y el uso de las teorías psicoanalíticas, ya que éstas dan mucho más que lo que el uso no lógico puede conseguir. Hay señales claras de que muchos analistas se hacen conscientes de esta situación. En el futuro, la práctica profesional y las investigaciones en este campo prometen hacer honor a los aspectos positivos que desde el punto de vista epistemológico exhiben estos tópicos.

*En Asuntos Culturales, junio de 1989, Buenos Aires.

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Sobre ciertas cuestiones de la falsabilidad o infalsabilidad de las teorías psicoanalíticas.

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¿Es infalsable el psicoanálisis?

Vamos a analizarlo con un extracto de una conferencia de Gregorio Klimovsky (Buenos Aires, 1922-2009), este fue un matemático y filósofo argentino, considerado uno de los mayores especialistas en epistemología de Sudamérica.

… A propósito de la estructura de las teorías psicoanalíticas y de lo que llamé “la estructura estratificada” del psicoanálisis, quisiera recordar uno de los reproches que hacen los enemigos del psicoanálisis. Bunge dice que el psicoanálisis es intesteable, porque entre los hábitos del psicoanálisis está, generalmente cuando las cosas andan mal, ponerlas de manera que anden bien. Por ejemplo, se está analizando la conducta de Juanito y uno puede ver que la conducta de Juanito expresa el odio que le tiene al padre, pero podría suceder que no sabemos nada de la conducta de Juanito que exprese eso. Si un psicoanalista tiene mucha adhesión a su hipótesis, diría “Juanito odia a su padre pero reprime las expresiones de ese odio”. Por consiguiente, pase lo que pase, dice Bunge, la cosa podría ir bien; porque a tal conducta podríamos interpretarla como un fenómeno de represión y eso, dice Bunge, va en contra del método científico. Es una observación interesante a la cual hay que responder diciendo que esto tiene que ver con el método científico mucho más de lo que se cree.
    Justamente uno de los reproches que se le ha hecho a la metodología popperiana y al método hipotético deductivo en versión simple, es que cuando ocurre una refutación en ciencia, sobre una teoría muy amada por los científicos, es muy raro que de buenas a primera los científicos digan “la teoría quedó refutada”. Y creo que es una buena reacción por lo que voy a decir a continuación. Hay que pensar que está fallando otra cosa; cuando uno utiliza una teoría, se utilizan además las llamadas “hipótesis auxiliares”, hipótesis que uno hace acerca del material de observación y de la tarea con la que se está trabajando.
    De manera que en vez de decir que la teoría ha fallado, lo que se puede decir es que el instrumento ha fallado, o se puede decir que en realidad el comportamiento del material que uno ha empleado no es el que uno cría.
Esto, en el método científico, ocurre constantemente y en la metodología de Lakatos se toma como típico.
    Para Lakatos la ciencia es más bien una actividad de los científicos, ligada a un programa de investigación, es decir, un contrato por el cual uno adhiere a una teoría y se juramenta a no cuestionar nunca la teoría, a respetarla pase lo que pase. Si esto es así, uno va a tener que meterse siempre con las hipótesis auxiliares; hasta el momento en que se vea que eso no conduce a nada, esteriliza la investigación, y si tengo que buscar otro tipo de culpable.
    Si por ejemplo el psicoanalista, en su intención de hacer una hipótesis, una teoría acerca del paciente, se encariña con la teoría de que Juancito odia a su padre, cuando él quiere mantener la hipótesis diciendo que su conducta no expresa eso, pero es porque lo reprime, no se está metiendo con la hipótesis querida para él, sino con la hipótesis auxiliar de qué es lo que esta haciendo Juancito. Por consiguiente, Bunge tendría que reconocer que esa maniobra que él reprocha al psicoanálisis se da también en el método científico en general. Si uno sigue las ideas de Lakatos y, a veces, las de Popper mismo -porque Popper lo llega a admitir y esto hay que tenerlo en cuenta-, cuando uno hace una hipótesis ad hoc para salvar una teoría, Popper protesta. Ésa es una confabulación convencionalista, dice él, para mantener la teoría a pesar de que científicamente habría que abandonarla. Claro que, dice Popper, podría ser que la hipótesis ad hoc se pudiera testear de alguna manera independiente de lo que se esta discutiendo y de que hubieran argumentos a su favor.
    En el caso del psicoanalista habría que buscar elementos para pensar que hay represión, por ejemplo; lo cual, de acuerdo con lo que dice J.O. Wisdom, podría suceder que lo muestren nuevas interpretaciones de nuevas conductas que va ofreciendo Juanito o las que se van a presentar en futuras sesiones. Es interesante notar que ese argumento, que parece lapidario, en realidad no lo es demasiado.

Fuente: Epistemología y Psicoanálisis Vol I. Problemas de Epistemología, 2004, Ediciones Biebel.

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